Orden Masónica Mixta Internacional - LE DROIT HUMAIN-

EL DERECHO HUMANO - Jurisdicción Argentina

LAS RAÍCES DE LA MASONERÍA

 

Desde hace ya varias generaciones, la Masonería suscita multitud de interrogantes acerca de sus adeptos, su finalidad y sus propios orígenes. Ciertos autores, más o menos serios y acertados, han tratado de relacionar nuestra antigua institución con los misterios del antiguo Egipto, las tradiciones cabalísticas, el ocultismo, los rosacruces, la alquimia, e incluso con los templarios. Lo más común y extendido, sin embargo, es la idea de su filiación con los constructores de la Edad Media que trabajaban en la edificación de las catedrales románicas. La Masonería está presente en todas las épocas y concierne a to-dos los seres humanos, voluntad de universalismo que se advierte ya en sus mitos fundacionales. Desde sus orígenes, el ser humano se pregunta acerca de múltiples cuestiones: sobre sí mismo, sobre qué y quiénes le rodean, y sobre el grupo en el seno del cual evoluciona. En las antiguas civilizaciones, sean estas griega, romana, siria, persa o egipcia, las cofradías existían, en particular, entre los constructores, para quienes el ejercicio de su profesión tenía un carácter sagrado y especialmente en los oficios relacionados con la arquitec¬tura, los cuales exigían, a la vez, conocimientos técnicos, científicos y artísticos. Cada oficio poseía sus propias singularidades, sus gestos, sus rituales, que le permitían diferenciarse de los otros. Esta pro¬puesta trata de aclarar una serie de falsas certidumbres y teorías, en ocasiones, sin fundamento.

En la Antigua Roma ya existía la necesidad de reunirse entre quie¬nes practicaban el mismo oficio y los collegia fabrorum permitían el vínculo entre el Cesar y la obra. Además, estas asociaciones practi¬caban la ayuda mutua. Tras las invasiones que siguieron a la caída de del imperio Romano, las construcciones se detienen y no se encuentran huellas de cofradías hasta mediados de siglo IX.

En la Edad Media aparece la palabra logia, pero contrariamente a lo que podría pensarse, esta no es sino una modesta caseta de obra que sirve de refectorio a los obreros y que les permite tener un lugar para el reposo durante las pausas. Es también allí donde los compañeros enseñan a los aprendices los misterios del oficio, y probablemente donde les transmitieron los Antiguos Deberes (Old Charges). ¿Cuáles eran esos Antiguos Deberes que han llegado hasta nuestros días? Estos están recogidos en el poema Regius de 1390, en el que se plasma una historia del oficio, y las reglas y deberes a las cuales deben obedecer los compañeros:

 

Ya en aquellos tiempos, por la buena geometría,

Este honesto oficio que es la masonería Fue ordenado y creado de tal manera, Concebido por todos estos clérigos; Gracias a sus oraciones ellos inventaron la Geometría.

Y le dieron el nombre de masonería

Al más honrado de todos los oficios. Los hijos de estos señores se aplicaron

En el aprendizaje de/ oficio de la geometría, Lo cual hicieron muy cuidadosamente;

La oración de los padres, y también de las madres,

Les puso en este honrado oficio,

[...]

 

El poema Regius nos relata además el episodio de la construcción de la torre de Babel así como el origen de las siete ciencias:

 

El octavo día, tras Todos los Santos.

Escuchad lo que he leído,

Que muchos años después, con gran espanto,

El diluvio de Noé fue desencadenado,

La torre de Babel comenzó a erigirse,

La más grande obra de cal y piedra que jamás hombre alguno haya visto;

Tan alta y grande fue pensada

Que siete millas en su altura, sombra al Sol le daba;

El rey Nabucodonosor la hizo construir

Tan potente para la defensa de sus hombres,

Que si un tal diluvio ocurriera

La obra sumergir no pudiera;

Pero tan fiero orgullo tenían, y tanta jactancia,

Que todo el trabajo se perdió;

Un ángel les castigó sus lenguas dividiendo,

Y así nunca más uno al otro se comprendieron.

Muchos años más tarde, el buen obrero Euclides

El oficio de geometría enseñó por el mundo,

Y en este tiempo hizo también

Diversos oficios en gran número.

Por la alta gracia del Cristo en el cielo

Las siete ciencias fundó.

 

Esto es: la Gramática, la Dialéctica, la Retórica, la Música, la Astronomía, la Aritmética y la Geometría. Algunos años más tarde, alrede¬dor de 1410, el Manuscrito Cooke, reemplaza la referencia a la torre de Babel por un episodio inspirado también en la tradición Judía: el de las dos columnas del conocimiento destinadas a escapar del diluvio. Esto explica la mención en ese manuscrito de las dos columnas del templo de Salomón: Jakin y Boaz.

 

Cuando los hijos de Israel habitaban en Egipto, aprendieron el Arte de la Masonería. Y luego, cuando fueron conducidos fuera de Egipto, llegaron a la tierra prometida que ahora se llama Jerusalén.

El oficio fue practicado y los deberes respetados, como prueba la construcción del templo de Salomón por el rey David. El rey David amaba a los masones, y les dio derechos como antes no tenían. Y en la construcción del Templo, Salomón tenía ochenta mil cons¬tructores a su servicio. Y el hijo del rey de Tiro era su maestro.

 

Pero a partir del siglo XVI y XVII las obras eclesiásticas desapare¬cen y, con ellas, las logias. Subsiste solamente el apelativo free-mason que designaba a los masones de la época medieval, proveniente del calificativo que recibían de los canteros de la piedra fina, de ahí el término free stone mason, que después se contrae en free mason. Una variante del compagnonnage, nacido en el siglo XV y aun en práctica, mantiene las cofradías de artesanos y se trata de una tradición fundada en rituales de origen exclusivamente Francés.

En el siglo XVII se crea en Inglaterra la masonería especulativa que había adoptado los usos conocidos, pertenecientes hasta en¬tonces a los masones operativos. Algunos relacionan la Masonería con los templarios. La orden del Temple fue abolida bajo el efecto de la acción conjunta de Clemente V y Felipe IV de Francia, el Hermoso, en 1312, tras la ejecución de Jaques de Molay, Gran Maestro de la Orden del Temple y todos los templarios de alto rango. La identificación que ha podido ha¬cerse entre ambas órdenes pro¬viene de la práctica común del esoterismo, tanto por los Templa¬rios en su época, como por los masones. Pero no se ha podido encontrar ninguna filiación direc¬ta entre las dos órdenes. En 1738 la organización de una masonería caballeresca ha podi¬do sembrar la duda a través del discurso del Caballero de Ramsay, que hace referencia a los Caballeros de San Juan de Jerusalén, más tarde denominados caballeros de Malta. Pero ninguna filiación histórica con los caballeros del Temple puede ser establecida. Con todo, los principios fundamentales estaban establecidos en este discurso del que reproducimos un fragmento:

 

El noble ardor que muestran, señores, para entrar en la muy antigua e ilustre Orden de /os francmasones, es una prueba cer¬tera de que ya poseen todas las cualidades requeridas para ser miembros. Estos requisitos son la sabia filantropía, la moral pura, el secreto inviolable y el gusto por las bellas artes

 

Un eventual origen común con los rosacruces ha sido igualmen¬te considerado. La fraternidad de los rosacruces nace del círculo de Tubingen en el siglo XVII. El escrito más conocido refiriéndose a esta forma de pensamiento tenía por título Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz y data de 1616. Pero tampoco hay pruebas históricas conocidas.

 

 

CREACIÓN DE UNA MASONERÍA ORGANIZADA

 

Varias hipótesis pueden ser tenidas en cuenta acerca de los orígenes de la Masonería, pero el punto de partida se sitúa en 1717 y, más pre¬cisamente el 24 de junio, cuando cuatro logias de Londres deciden re¬unirse para formar la primera Gran Logia. Estas logias tenían por nom¬bre, El Ganso y la Parrilla, El Manzano, La Corona, y El Racimo y la Jarra. Estas logias reunían a personas de condición modesta, artesa¬nos, y pequeños comerciantes, y tenían como principal objetivo la ayu¬da mutua y la solidaridad. El primer Gran Maestro de esta Gran Logia fue Georges Payne, quien al año siguiente, en 1717, fue reempla¬zado por el pastor francés, originario de La Rochelle, Jean-Theophile Desaguliers, ingeniero hidrólgo, investigador, escritor y amigo de Isaac Newton.

Como se necesitaba establecer una regla para esta nueva organización que sumara a las distintas logias, se decidió establecer una, y el pastor James Anderson se encargó de ello, bajo la dirección de De¬saguilers. Y así, en 1723, ve la luz el texto titulado Las Constituciones, más comúnmente conocido como las Constituciones de Anderson. Estas constituciones, calcadas de los Antiguos Deberes, fijaban las reglas de funcionamiento y las bases de lo que iba a ser nuestra masonería actual. La masonería obediencial había nacido.

La Masonería, hasta entonces británica, llega a Europa estable¬ciendo su primera logia en Madrid, Las Tres Flores de Lis, en la calle San Bernardo. Dos años después se establece en suelo francés, hacia 1725, teniendo una gran aceptación en menos de 10 años, 600 hermanos se adherían a las ideas de la Masonería creando otras logias. En 1773 se constituye una organización estructurada que conocemos por el nombre de Gran Oriente de Francia. El Duque de Orleans, futuro Felipe I, es el Gran Maestro.

Durante toda la Revolución francesa, la masonería se sitúa a la vanguardia de las nuevas ideas, pero a medida que este período avanza hacia el terror, los masones entran en conflicto y terminan por desaparecer de un primer plano. Las logias dejan de reunirse hasta la llegada del imperio de Napoleón. A través de su ejército y sus campañas, las ideas de la Revolución Francesa, los principios de libertad, de igualdad, y de fraternidad se extenderán por las logias militares a lo largo de toda Europa.